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EMPODERAR LAS PLANTAS: Balance de asimilados

Al encontrar el balance correcto entre los azúcares creados y los azúcares consumidos, se puede producir un cultivo más saludable y resiliente a la vez que se maximiza el uso de la luz disponible por parte de la planta.

Publicado: noviembre 30, 2019 Por: Peter Geelen Compartir?

Este artículo es parte de una serie sobre el concepto de Cultivo mediante el Empoderamiento de las Plantas (GPE, por sus siglas en inglés), una continuación global de un nuevo método de cultivo holandés llamado Het Nieuwe Telen (HNT), también conocido como Cultivo de Próxima Generación. El GPE comienza con el comportamiento natural de las plantas, ya que ellas son capaces de hacer frente a circunstancias y condiciones climáticas muy diferentes. Las plantas se mantienen vivas manejando tres balances: energía, agua y asimilados (refiérase a 2019 Invernadero 2019 CANADÁ mar/abr, junio y octubre). En este artículo nos centraremos en el balance entre la producción y el consumo de asimilados y en cómo se puede utilizar este conocimiento para producir un mayor rendimiento y calidad de los cultivos.

COMENZAR CON LA FOTOSÍNTESIS

La fotosíntesis es el punto de partida para optimizar el crecimiento de las plantas. En el proceso de la fotosíntesis, el dióxido de carbono (CO2) y el agua (H2O) se transforman en azúcares o asimilados, con la ayuda de la energía de la luz solar. Estos azúcares pueden utilizarse, por ejemplo, como bloques de construcción para la producción de tejidos vegetales y para fabricar nuevas células. Los procesos bioquímicos responsables de la producción de nuevas células también necesitan energía, que también es suministrada indirectamente por los azúcares. Así que los asimilados tienen dos funciones: material de construcción y combustible para el crecimiento de las plantas. La planta siempre equilibrará su consumo y producción de asimilados, como se muestra en la Figura 1. Si hay una escasez de asimilados, la planta tiene que reducir el consumo, a costa del desarrollo o la calidad. Los excedentes, sin embargo, significan una utilización ineficaz de los asimilados disponibles, lo que también es indeseable.

RELACIONES FUENTE – SUMIDERO

Las plantas verdes contienen un pigmento llamado clorofila. Junto con otros pigmentos secundarios, la clorofila absorbe parte del espectro solar que llamamos radiación fotosintéticamente activa (PAR, por sus siglas en inglés). Se trata de luz en el rango de longitudes de onda de 400 a 700 nanómetros, esencialmente el espectro de color. Las hojas que producen más asimilados de los que consumen se conocen como “fuentes” de la planta. Todas las demás partes de la planta que consumen más asimilados de lo que producen se llaman “sumideros”.

Los principales sumideros son los frutos o los capullos de las flores. Las hojas jóvenes pertenecen a la categoría de “sumideros” porque consumen más asimilados de los que pueden producir. Pero las hojas maduras, que no reciben suficiente luz porque son superadas por las hojas más jóvenes, también se convierten en sumideros de nuevo cuando su consumo de asimilados supera su producción. Las raíces suelen ser el sumidero más débil de la planta; son las primeras en reaccionar ante una escasez de asimilados (raíces que mueren) o un excedente (raíces que se expanden rápidamente). Vea también la sección sobre el crecimiento de las raíces. Hay que tener en cuenta el tamaño y la actividad de las fuentes y los sumideros. Para la producción de asimilados, la luz PAR debe ser primero absorbida por las hojas verdes. El nivel de producción de asimilados entonces no sólo depende del área de intercepción de luz de las hojas (tamaño de la fuente), sino también de la cantidad de luz que penetra a través del dosel del cultivo. En general, cuando el área total de las hojas de la planta es aproximadamente tres veces más grande que su huella en el suelo del invernadero, toda la luz interceptada por la planta se utiliza para la fotosíntesis.

En este caso, el llamado Índice de Área Foliar (LAI por sus siglas en inglés) es 3, medido en m2 de área foliar por m2 de área de invernadero. Cuando la luz penetra más profundamente en el dosel del cultivo, las hojas mantienen su contenido de clorofila en niveles más altos, lo que resulta en una mayor eficiencia en el uso de la luz. Esto se mejora aún más con una arquitectura de planta abierta combinada con el uso de luz difusa.

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